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Angeriacum y la leyenda de la cabeza de San Juan Bautista

En el siglo IX, en 817, Pepino (803-954), nieto de Carlomagno, duque rey de Aquitania, tiene su palacio en Angeriacum, palatium probablemente fundado encima de una villa gallo-romana.
Según la leyenda, Pepino fue a rechazar a los invasores venidos del mar, quienes arribaron a Angoulins, cerca de La Rochelle. En la misma época, un monje llamado Felix y su compañero, reciben en sueños la orden divina de ir a Egipto, en Alejandría, recuperar la cabeza de Juan Bautista y traerla por mar. Milagrosamente, esta nave llega a Angoulins. Pepino en un sueño, ve la llegada de la preciosa reliquia. Pepino la recibe con mucha fe y el milagro se produce: sus guerreros francos, muertos resucitan. Con grandes honores, la reliquia es traída a Angeriacum, y pasará a llamarse Saint-Jean d’Angély.

La primera abadía

Realidad o leyenda, el monasterio fué fundado en los años siguientes a la llegada de la reliquia. En 838, una carta de Pepino acordó a la abadía la exención de los peajes fluviales por toda Aquitania. Sabemos poco de esta primera comunidad; pero es posible pensar que conoció la misma historia que las otras: víctimas de los vikingos en el siglo 9. Solo sabemos que la reliquia desaparece durante una invasión a la abadía.
Hacia el 940, el conde Ragaire y el obispo Eble de Limoges piden al rey Luís IV, llamado Outremer, ordenar la reconstrucción de la abadía. El rey, da su acuerdo y designa al primer abad conocido, Martino, quien les manda seguir la regla de San Benito.
Esta primera comunidad monástica conoce un período de prosperidad y recibe numerosas donaciones: tierras, bosques, viñas, molinos…


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